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el ritmo que nos mueve

Cuando fuimos niños

Cuando fuimos niños

La vocación de cada persona es incierta. ¿Por qué aquel niño dibuja incansablemente en su cuaderno escolar, mientras que el otro hace barquitos o aviones de papel, y el de más allá construye canales y túneles en el jardín, junto con el otro que forma equipos para jugar a la pelota, y uno más se encierra en el salón a resolver interminables rompecabezas? Nadie lo sabe. Lo único que sabemos es que esas inclinaciones se convierten con los años en oficios o profesiones que forman parte de nuestras vidas.

El otro eterno retorno

Cortázar mencionaba que al empezar un cuento no sabía su final. En cambio, Borges empezaba a escribir porque precisamente conocía el desenlace del texto. Yo aveces lo sé. En ocasiones me llama la atención una historia por el posible final que imagino, entonces la empiezo a escribir. Y cuando desconozco el final, abandono pronto el texto. Me es más difícil determinar el decenlace de un cuento, que escribir el inicio. Todo el día y cada día empiezo a escribir cuentos, pero la mayoría no pasan de dos líneas. Aquellos que sobrepasan dicha extensión y que pueden llegar abarcar hasta tres o cuatro cuartillas, acaban desapareciendo con la misma rapidez que las dos líneas. Uno debe ser intraquilo en esto. Uno no debe tener paciencia en la literatura: hay que enojarse, tomar el papel y arrojarlo, salir de la habitación, estar al borde de arrojar la máquina, maldecir a los demás, salir a la calle y patear lo que se encuentre en el suelo. Solo así nos podemos explorar y conocer. Al fin y al cabo, si eres escritor, volverás y las cosas estarán en su puesto, esperándote.

II

II

El cursor parpadea. Una idea pasa atrás de otra. Cada palabra me señala y me dicta y me grita que la escriba. Mis ojos en la pantalla. Una línea aparece clara y precisa, intento atraparla pero se va. El cursor parpadea. Espero un impulso que mueva mi mano. Lo intento. Me repito que debo mover mi mano y no pasa nada. Siguen las palabras desfilando. Me vuelven a gritar. El proceso se repite. El cursor tambalea al inicio de la hoja que se conserva en blanco. ¿Escribir así?

Breves instrucciones

Es simple:
1)escoge un tema; 2)reflexionalo; 3)investiga al respecto o platícalo para cambiar opiniones; 4)reflexionalo de nuevo; 5)escríbelo.

Ya escrito:
1)revísalo; 2)guárdalo; 3)deja que pase el tiempo.

Finalmente:
1)ábrelo; 2)léelo; 3)revísalo; 4)léelo de nuevo; 5)compártelo.

I

I

De pronto aparece una palabra, una frase, una idea, y está pique y pique y pique en tu cabeza hasta que ya no soportas y la escribes. Después te das cuenta del por qué de su insistencia.

el león

Estaba escribiendo. De pronto, por la ventana de su habitación, entró un enorme león quien brincó hacia él, arrojándolo al suelo. Le arrebató las hojas que tenía en las manos y se las tragó. Después corrió rumbo a la puerta y salió hasta que dejaron de escucharse sus pasos.

No volvió a escribir desde esa tarde. Años después, cuando le preguntaron el motivo de su renuncia, contó la historia del león y añadió que con aquellas hojas que había perdido, no tan sólo perdió esos textos, sino la posibilidad de seguir escribiendo, ya que significaba la continuidad de su obra.

la nube

Cruzaba el parque cuando miré que un niño fijaba su vista hacia el cielo. Seguí caminando sin ponerle atención hasta que llegué a la esquina, y vi que otro niño miraba hacia la misma dirección. Me detuve y alcé la mirada sin ver algo que fuera más allá de lo cotidiano: una gran nube blanca atravesaba el cielo. Reanudé mis pasos.

Al entrar por otra calle, un par de niños miraban con atención hacia el mismo punto. En esos casos no se puede creer en una coincidencia. Volví a concentrar la mirada hacia el cielo. Al seguir viendo la misma nube, me dirigí hacia los niños.

-¿Qué es lo que miran? - les pregunté de la manera más casual que pude.
-Allá, una nube... ¿la ve? -me respondió uno de ellos.
-Sí ¿y qué tiene de especial la nube?
-¿No la ve?
-Sí, pero la veo igual que todas.
-¿No ve la forma que tiene?

No hice más que guardar silencio e irme. En el camino a casa vi cerca de seis niños mirando hacia el cielo. Quise voltear, descubrir la figura de la nube, pero supe que no lo conseguiría.

Junto a la ventana

Un chico está junto a la ventana. El sonido del grillo nocturno lo invade. Quiere salir y no quiere salir. Su postura es la inmovilidad. Quiere hallarse y no quiere hallarse. Mira con atención las cosas que lo rodean. Quiere ser y no quiere ser. No hace nada por hacer algo.
De pronto el grillo calla. Él siente un sobresalto. Como obedeciendo a una voz invisible sale de su cama y se dirige a uno de los cajones del armario. Encuentra un arma y se dispara al instante.

La palabra insuficiente

El saludo no pudo ser más casual. Siguieron las preguntas triviales, cotidianas, disfrazadas de importancia. Ella tenía prisa y se lo dijo, pero él la detuvo con la mano. Al sentir la fuerza que sujetaba su brazo, empezó a sentir un movimiento que crecía en su interior. Sabía que era importante esa detención, que sujetar a una mujer con tal coerción no era algo común. Accedió al momento. Esperó conocer el motivo de aquella escena. Él la miró de cerca, como nunca, sintiendo que respiraban al mismo tiempo. Ambos estaban en el punto de casi estallar, de querer estar en el siguiente segundo para saber lo que pasaría. Entonces de sus labios salió sólo una palabra, la cual, no fue suficiente para transformar ese momento, para explotar en pedazos, para cambiar el mundo.

formas de quitarse la vida sin una gota de sudor

Si usted es hombre y se quiere suicidar, deje los clásicos cuchillos, no se arroje del puente, no tire cáscara de plátano, no maldiga a hombres altos, fuertes y malditos para que lo maten a palos. No, ya no haga más esas cosas absurdas que solo provocan que derroche energía y que prolongue su vida un día más y otro y otro.
La única manera de que un hombre pierda la vida sin temor a equivocarse, es haciéndolo: contradiga a una mujer. Verá, bueno, los demás verán los resultados que serán tan optimos para usted, que no podrá agradecermelo.

Algo así fue el big bang.

sin nada en la piel pero con todo al mismo tiempo

un descansito para los ojos

Una espera tonta que se reclama

Hace años, en primaria, le respondí a una compañera que me esperara. Ella no me creyó y dijo que sí me iba a esperar, pero sentada. Fue la primera vez que escuché esa expresión, y desde entonces me da risa cada vez que la escucho.
Por ahora espero ver si en realidad tenemos la visita de Volpi, Rivera Garza, Poniatowska, Velasco y ver de qué forma funcionan sus visitas; ver si las revistas que últimamente han salido, se desarrollan intelectualmente (Néctar, Altanoche, Lúdika) conservando su frescura; ver si continúan los espacios abiertos para la gente poco involucrada en la literatura (talleres, cursos); ver si los conciertos al aire libre y gratuitos siguen apareciendo en las plazas públicas; ver si aparece la obra de un escritor del estado que sorprenda y que rebase los límites de los autores locales.
Pero al mismo tiempo que espero, pues la vida tiende a ser aburrida al esperar, tengo que hacer lo que me corresponde: literatura. Debo sumergirme en aguas novelísticas profundas aún sin saber nadar. Debo arriesgarme, caramba, arriesgarme a hacer las cosas mal para aprender hacerlas bien. Tengo que tirarme de la torre más alta después de descubrir la forma de escalarla. No depender de lo que suceda para hacer, si no hacer para que suceda.

Hay días que me despierto con mi pierna derecha en mi brazo izquierdo, mis manos en las rodillas, el ombligo en la boca, los hombros en las cejas, los ojos en los pies, el cabello en el cuello, los dientes en las manos, los codos en la nariz, las orejas en el antebrazo y mi barbilla en la espalda.
En otras palabras: amanezco jodido.

El mundo visto en tus ojos abiertos

El mundo visto en tus ojos abiertos

Si quieres salir del mundo, mira através de un cristal. Empieza con decirte que del otro lado está lo demás, lo otro, todo; y que donde estás existe una persona, una sola palpitación que es la tuya; piensa que el límite entre tu y el mundo se define por ti: tu decides si pasar o quedarte; escucha el sonido que emites, el eco que desprendes en cada movimiento; mira que todo fluye, que este momento y los demás momentos son para llegar al próximo; piensa que si das un paso cruzas a lo otro; piensa que tal vez no puedas regresar.

Canavalismo estético

Solo robando de otro se aprende a escribir, y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre los han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós. Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra.

de Francisco Umbral

Ética a Nicómaco

En ocasiones uno se pierde y se vuelve a encontrar mientras platica con otra persona, o mientras come, o mientras duerme. Uno se va buscando entre la demás gente, entre sus propios movimientos, entre el nomeacuerdo y loquehiceayer. Hay días que uno siente que se ha dejado en algún restaurant, en alguna banca, en alguna mirada. Y se busca interminablemente, uno no puede estar sin uno.

Cómo me gustaría ser como yo.
Tener el tiempo que yo tengo
para salir a caminar cuando yo quiera,
para leer lo que le venga en gana
a mi gana más íntima y soltera;
interrumpir sin que nadie se asfixie
cualquier obligación etiquetada;
para estar en pleno uso de la soberanía
de ir a pie por las calles,
descubriendo raíces que aparecen
quebrantando las reglas del asfalto.
Cómo me gustaría, de veras,
dedicarme una noche a platicar conmigo,
cada quien con su trago,
discutir, discrepar, desentonarse,
hasta que el pobre espejo
se quedara dormido
con el rostro apoyado sobre el azogue opaco.
Cómo me gustaría que a los dos
nos gustara la misma
y que uno tuviera
que ceder y cediera
por desatarle al otro las dos manos.
Cómo me gustaría
que yo y que yo
fuéramos tan amigos.

*de Eduardo Casar

nada personal, naturaleza humana

nada personal, naturaleza humana

Pensé, hace días, abandonar el blog. Pensé eliminarlo. Pensé que no tenía ningún sentido un espacio donde se publique cosas de otras personas y en donde se hable de los problemas que tiene uno para escribir. Pensé esto al leer Bartleby y compañía. Pensé que escribir sobre el no escribir no llegaba a nada.

Pero lo bueno de nosotros es que somos contradictorios. Una vez conocí a una mujer que me enamoraron sus contradicciones (prometo hablar de ella después)

Pienso, sobre después de descubrir algunos blogs interesantes, que esto no es tan malo. Pienso, sobre todo ahora, que se pueden hacer cosas interesantes con estos espacios. Pienso en la ventaja de una hoja en blanco (electrónica o no). Pienso en escribir sobre no sé qué. Pienso en seguir y no abandonar y tratar de proponer. Pienso hacer textos que cumplan una función. Pienso en escribir.

ombligo

ombligo

En ocasiones siento que todos giramos alrededor del ombligo; que caminamos en círculo dejándonos llevar hacia su centro; que aquella profundidad oscura nos provoca caer en ella; que es un pequeño sol sumergido; que es un anillo; que es un círculo en forma de nuestras sensaciones: entre más profundo más sensible se es. Alguna noche me gustaría dormirme dentro de uno.